Sumida en esta tristeza tan aguda, tú casi ni me miras, evitas mi culpabilización, yo me quedo con aquella perturbada esperanza de que me bromeas. No se como agarrar fuerzas para marchar, dejé la dignidad junto con las lágrimas que cayeron en tu almohada mientras me leías las primeras páginas de aquel libro y horrorizada me pedía consolar con un sueño, con adormecer mis ojos pensando que el dolor desaparecería mágicamente, lográndolo solamente cuando escuche tu silencio eterno.
Un lento despertar por la mañana me sugería la tranquilidad, nada era verdad, sentí un par de caricias de noble sutileza, cuando de pronto me bajaste a la realidad. Comenzó otra lucha, me parecía una vida paralela, no era lo que hasta anteayer sucedía, para mí era tu súbita muerte, Tan repentina como para gritarle a cualquier dios, entonces era incrédula , no era posible que te hubieses muerto sin presagio alguno, no lo entiendo.
Me niego a creer en mi alucinación, algo debió ser cierto….esos ojos buscando los míos.




